Jonas el Hebreo


Jonás…

¿Un siervo ejemplar?



Hace un tiempo un hombre llamado Jonás servía a Dios junto a su familia, su padre era quien le había enseñado el camino del bien, su nombre era Amitai. Un día Dios le da una gran misión a Jonás diciéndole “Levántate y ve a Nínive, pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí”,y en ese momento, Jonas sintió el verdadero terror!!, pues Nínive era una ciudad en donde el mal era demasiado grande, el temía por su vida, y no quería morir, y de pronto vino a él una idea para poder evitar ir a Nínive, el decidió “huir” de Dios a una ciudad muy lejana llamada Tarsis, para eso el tuvo que viajar a una ciudad llamada Jope no muy lejana de donde Jonás vivía y fue ahí donde  el vio que un barco se dirigía a Tarsis y sin pensarlo dos veces al pago su pasaje le dieron su ticket y se subió al barco, el con miedo de esta nueva experiencia  busco un lugar solo y ahí se recostó y se quedo dormido, a nadie el importo que Jonás se quedara en ese lugar, total su presencia no hacía mal (Aun) ni tampoco  era alguien requerido en el viaje.

La barca partió en su recorrido y al adentrarse en el mar los marineros empezaron a notar algo raro en el movimiento de las olas, era exageradamente muy rápido y fuerte, de pronto empezó a llover muy fuerte, una fuerte brisa azotaba el barco y todos empezaron a clamar a sus dioses para que los salvara de tal tempestad, empezaron a sacar todo del barco, esperando que eso pudiese ayudar a la estabilidad del barco, pero fue en vano pues la tormenta seguía, y al parecer estaba empeorando, y fue donde notaron que había un dormilón en la barca, el capitán de la barca le dice con voz fuerte! Que te pasa dormilón, levántate y clama a tu Dios para que tenga compasión de nosotros. De pronto un marinero propuso echar la suerte para saber quien tenia la culpa de tal castigo, Jonás en ese momento se puso nervioso pues sabia por que esto estaba pasando, y se hecho la suerte y la suerte cayo en Jonás y fue entonces cuando los marineros exclamaron contra Jonás pidiendo explicaciones sobre a que se dedicaba y de donde venía, Jonás respondió: Soy un Hebreo y temo de Jehová que hizo los cielos y la tierra en ese momento los marineros se enojaron y reclamaban a Jonás porque había hecho ya que entendieron que Jonás huía de la presencia de Jehová, necesitamos que la tempestad se calme, porque no queremos morir, que haremos contigo y Jonás les dijo que lo echaran al mar y la tempestad se calmaría pues por su culpa eso había pasado y así hicieron, le pidieron a Dios que no perecieran por lo que estaban a punto de hacer, tomaron a Jonás y lo lanzaron por la borda del barco  y al momento de haberlo hecho el mar se calmó, ellos hicieron sacrificio a Dios e hicieron votos, sin embargo Dios tenia preparada una sorpresa para Jonás, Un enorme pez que trago a Jonás al caer en el agua y fue en el vientre donde permaneció tres días completos.
Jonás estando dentro del pez tuvo mucho tiempo libre para reflexionar sobre todo lo que había pasado (como el que tenemos hoy en día por la cuarentena) él oraba día y noche, sus oraciones eran sinceras y con arrepentimiento, entendiendo lo que él había cometido, y aceptando la reprensión y pidiéndolo a Dios que lo sacara de ahí, porque tenía que cumplir el mandato que Dios le había dado. Dios escucho su oración y siendo él grande en misericordia y bondad mandó al pez que vomitara a Jonás en la tierra.

Al estar Jonás en tierra agradeció a Dios por su misericordia y Jehová le repitió el mandato diciendo “Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré” entonces Jonás fue a Nínive en donde predicaba todo el día, era una ciudad tan grande que para recorrerla eran 3 días, Jonás   la recorrió diciendo “De aquí a cuarenta días Nínive será destruido”. Al escuchar esto la gente de Nínive creyó a Dios, hicieron ayuno y se vistieron de cilicio, hasta el rey de la gran ciudad conoció a Dios, y se postró ante él, eh impuso una ley en Nínive que todos deberían hacer nada mas que adorar a Dios y pedir perdón con el objetivo de que Dios perdonará sus pecados y no destruyera la ciudad, entonces Dios vio el sacrificio y el arrepentimiento de los “Ninivianos” y no destruyo la ciudad.

Para entonces Jonás esperaba que la ciudad fuese destruida y al saber la decisión de Dios se enojó y oró a Jehová diciendo “Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra?, por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal, te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida” a lo que Jehová le respondió: ¿Crees que es bueno que te enojes tanto?.

Entonces Jonás salió de la ciudad  he hizo una champita para soportar el sol porque quería ver que es lo que le pasaría a la ciudad, y fue entonces cuando Dios hizo crecer una calabacera justo sobre Jonás para que no se requemara mucho, y Jonás se alegró mucho porque podría esperar más cómodo lo que pasaría en la ciudad, sin embargo el día siguiente Dios tenia preparado un gusano que secaría la calabacera y la calabacera se secó, viendo esto Jonás pereció y sufrió mucho por el fuerte sol, y estaba enojado Y prefería la muerte  que esa vida, fue entonces cuando Dios le dijo, Te enojas por la calabacera, tuviste lastima de la ella en la cual no trabajaste, ni la hiciste crecer, en un día creció y así en un día pereció, ahora como yo no tendré piedad de Nínive, que es una ciudad donde hay más de 120,000 personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales.

Y así fue como Jonás entendió que la misericordia de Dios es inmensa y que el nunca dejará a sus hijos perecer, que si hay arrepentimiento y confesamos nuestros pecados con nuestra boca Dios es fiel y justo para perdonarnos.

Oración de Jonás


 



“Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó;
Desde el seno del Seol clamé y mi voz oíste.
Me echaste a lo profundo, en medio de los mares,
Y me rodeó la corriente;
Todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí.
Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos;
Mas aún veré tu santo templo.
Las aguas me rodearon hasta el alma,
Rodeóme el abismo
El alga se enredó en mi cabeza.
Descendí a los cimientos de los montes;
La tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre;
Mas tú sacaste mi vida de la sepultura,
Oh jehová Dios mío.
Cuando mi alma desfallecía en mí,
Me acordé de Jehová y mi oración llegó hasta ti
En tu santo templo.
Los que siguen vanidades ilusorias,
Su misericordia abandona.
Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios;
Pagaré lo que prometí.
La salvación es de Jehová.”




 


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